• Categorías

El tercer misterio gozoso: José en el Nacimiento de Jesús

Por: Padre Pinto Paul, CSC el 13 de octubre de 2021.

Al contemplar el tercer misterio, el Nacimiento de Jesús, durante este año de san José, quisiera invitarlos a reflexionar conmigo sobre el papel que desempeñó José como padre.

¡Es difícil apreciar cómo se sintió al conocer que su prometida estaba encinta! También es difícil imaginar el gozo que experimentó al saber que él, de entre todos los hombres que vivieron y vivirán, fue elegido por Dios para este propósito. Es igualmente difícil apreciar cómo se sintió cuando descubrió que el Dios, el Padre Eterno, lo había elegido no sólo para ser el esposo de la Madre de Dios, sino también para ser el maestro, guardián y padre adoptivo del Hijo Único de Dios. Al igual que María, quien exclama “mi alma proclama la grandeza del Señor…”, él seguramente también se regocijaba diciendo “¿quién soy yo para que Dios me haya elegido para proteger a su Hijo, para proteger a la Sagrada Familia? ¿Quién soy yo para que el Padre confíe en mí para enseñar a Jesús a caminar, trabajar, jugar, hablar y orar?” Todo mi ser exclama de gozo a Dios Padre, “¿quién soy yo para recibir tantas bendiciones de Ti? ¡Gracias, amado Señor y Padre!”

Está más allá de nuestra imaginación el comprender cómo se siente José al enterarse de que este Bebé salvará a su pueblo de sus pecados. Siendo un judío devoto, debe haber hallado la relación: este Bebé, cuyo nombre será Jesús, será el Mesías que los judíos esperaron durante tantos siglos. Convertirse en el padre adoptivo del Mesías es asombroso para José. Sin embargo, él sabe que el Mesías, según las profecías, descendería de la tribu de Judá, y él sabe que él viene de esa tribu. Pero, al igual que María, él acepta el papel que Dios tiene para él con obediencia y pone toda su confianza en El.

José no pudo predecir el nacimiento del bebé en un pesebre. Él vislumbró que el nacimiento ocurriría en una cama en su hogar de Nazaret, contando con la presencia de una partera experimentada. Cuando finalmente se da cuenta de que su mujer dará a luz en el camino de Belén, espera, incluso entonces, hallar una habitación en un hospedaje, con la presencia y ayuda de una mujer, la esposa del posadero. Pero, para su ansiosa sorpresa, se halla en un establo a solas con su esposa mientras María da a luz. Pero, como todos sabemos, José es un hombre que sabe qué hacer en situaciones exigentes. Él y María se las arreglan.

Qué gozo le da ver a este bello Infante pestañear sus ojos y ejercitar sus pulmones por primera vez. ¡Vaya! Y entonces, imaginen su asombro cuando la quietud de la media noche súbitamente es interrumpida por la llegada gozosa, reverente y bulliciosa de pastores que se postran ante el bebé y comparten la admiración del coro celestial de ángeles que canta “Gloria a Dios en las alturas”. Esto es mucho más de lo que el humilde, masculino y amoroso José pudo imaginar en sus más locos sueños.

Después ocurre el espectáculo más asombrosamente bello e inesperado de todos: la realeza de tierras lejanas llega con un gran séquito. Al entrar al pesebre inclinan sus cabezas reales ante el bebé que sonríe en la cuna. Después, para coronar esta sorprendente noche con un último, gran e inesperado evento, cada rey ofrece al infante un regalo precioso: oro, incienso y mirra.

José no podría prever un viaje a Egipto para salvar la vida del Bebé. Justo cuando María y él piensan que llevarán a su bebé de vuelta a Nazaret, un ángel le avisa a José en sueños de que debe tomar al Niño y a su Madre y huir a Egipto para escapar del asesino Rey Herodes. Sólo podemos imaginar los desafíos que enfrentan al huir a Egipto. ¿Qué comen? ¿Encuentran agua? ¿Dónde duermen? Tenían fondos suficientes para el viaje de regreso a Nazaret, pero ¿tienen suficiente para quedarse en Egipto?

Para cuando la pequeña familia regresa a Belén, José ha soñado mucho acerca de cómo criará a su hijo en su taller de carpintería. En primer lugar, tallará algunos objetos pequeños para que el bebé sujete y luego algo para que pueda morder. Luego elaborará una pequeña banca para que el niño se siente, seguido de una escalera para que cuando crezca pueda alcanzar lugares más altos. A medida que el niño lo ve trabajar y le pregunta, “¿qué es eso, y para qué sirve?” José le enseñará los nombres y usos de las herramientas. Cuando Jesús tenga la edad suficiente, José le enseñará a usar las herramientas, y Jesús podrá armarse su juguetes, aprendiendo poco a poco el oficio. Eventualmente, Jesús acompañará a su padre en su labor de carpintero.

Hoy en día la mayoría de los padres no trabajan en sus propios negocios en casa, donde los niños pueden jugar y hacer preguntas y aprender. Muchos padres trabajan por largas horas y pasan mucho tiempo trasladándose hacia su trabajo y de vuelta. Algunos trabajan lejos de casa durante la semana, y algunos viven lejos de sus hijos porque sus matrimonios se han deshecho.

Para seguir el ejemplo de José, los padres deben tomarse el tiempo para los tipos de interacciones que José y Jesús tendrían en su hogar y en el taller de carpintería. Necesitan participar en la oración familiar cuando puedan y llevar a sus familias a Misa regularmente. Los niños necesitan experimentar la fe de sus padres, viéndolos y escuchándolos rezar en casa y en la iglesia.

Los padres necesitan demostrar su amor y cuidado por sus hijos y sus esposas, tal como lo hizo José cuando la reputación de su mujer estaba en riesgo o cuando la vida de su bebé se vio amenazada. Necesitan proveer un refugio seguro en vecindarios pacíficos. Necesitan proveer el ingreso adecuado y enseñar a sus hijos que las familias deben emplear responsablemente el dinero que ‘papá’ trae a casa. Dentro del hogar los padres necesitan modelar el respeto felicitando a las madres e hijos por las tareas que cumplen y empleando formas de cortesía tradicionales como “por favor”, “gracias”, “con permiso”, y “lo siento”, y la mejor de todas, “te amo”. Ellos necesitan que sus hijos abran las puertas para las niñas y mujeres, y las niñas necesitan aprender a aceptar estos gestos con gracia, respondiendo “gracias”. Y, por supuesto, necesitan la obediencia de sus pequeños.

Hoy vemos a muchos niños que están creciendo sin pasar mucho tiempo con sus padres o con una figura paterna. Por lo tanto, los padres deben planear el tiempo de calidad que pasen con ellos: tiempo para jugar, tiempo para ayudar con la tarea, tiempo para hablar de las actividades del día y tiempo para perfeccionar distintos tipos de habilidades. Algunos padres se toman el tiempo de almorzar con sus pequeños en crecimiento y con sus hijos adolescentes una vez al mes: un tiempo para hacer que el niño o adolescente se sienta especial, un tiempo para ponerse al día, un tiempo para soñar acerca del futuro.

Al igual que la Virgen María, San José aceptó la vocación de Dios y confió que el futuro estaba seguro en las manos de Dios. Oremos para que todos los padres y madres abracen su vocación en la familia con gozo y pongan toda su confianza en Dios. Que San José interceda por todos los padres y madres.

Así como María dijo “todas las generaciones me llamarán bienaventurada”, José también es llamado “bienaventurado” por muchas generaciones porque es un santo asombroso y un modelo para los padres de todas las edades.

“Vayan a José con confianza extrema pues no recuerdo haber pedido nada de San José que no haya obtenido prontamente.” Santo Padre Pío

Actividades familiares

Jugar

Tómense un tiempo como familia para jugar un juego de mesa para celebrar un día especial por el Día del Padre.

Hablar

Tengan una reunión familiar y aprecien a su padre. Como familia, tómense el tiempo de hablar de lo que más les conmovió de su padre al crecer.

Los padres pueden hablar con sus hijos acerca de cómo se prepararon cuando esperaban el nacimiento de su hijo. ¿Qué preparaciones tuvieron? ¿Cómo se sintieron? ¿Qué los sorprendió?

Trabajar

Como familia, ayúdense mutuamente a cocinar, limpiar, cuidar el jardín o hacer reparaciones sin que se lo pidan.

Rezar

Recemos a San José para que interceda por todas las familias. Esta semana hagan un esfuerzo especial para rezar el tercer misterio gozoso, el Nacimiento de Jesús, juntos como familia. Al final del Rosario, reciten esta oración:

Oración de los padres por los hijos

(los padres colocan su mano derecha sobre sus hijos y recitan esta oración)

Querido Dios,

Tú sabes cuán profundo y cálido es nuestro amor por nuestros hijos.

Pedimos a San José que nos ayude a cuidarlos y protegerlos.

Dedicamos nuestro tiempo, talentos y bienes a ayudar a nuestros hijos a crecer fuertes y fieles, amándote y sirviéndote.

Ayúdanos a recordar que nunca estamos solos en el cumplimiento de nuestras responsabilidades como padres.

Por la intercesión de San José, haznos los padres que quieres que seamos.

Ayúdanos a ser modelos ejemplares y dignos y una bendición para nuestros hijos.

Ayúdanos a hacer de nuestro hogar un refugio y un paraíso para nuestros hijos y nuestro prójimo.

Te pedimos que abras nuestros corazones como familia para trabajar, conversar, jugar y orar juntos.

¡Gracias por el don de la paternidad!

 

Oración de los hijos por los padres

Amado Dios,

Gracias por darnos padres amorosos, bondadosos y preocupados. Gracias por la vida que nos dan con Tu ayuda.

Gracias, Señor, por nuestros abuelos, por la sabiduría, amor, fe y cuidado que nos muestran.

Da a nuestros padres y abuelos vidas largas y mantenlos felices, sanos y santos.

Bendícelos con el éxito en sus esfuerzos por proveer para nosotros.

Ayúdales a llenar sus vidas de gozo y alegría. Ayúdanos a ser los mejores para Ti, Señor, para nuestra familia y para nuestro prójimo, dando siempre vida, amor y cuidado a quienes encontremos.

Con tu ayuda, Señor, podemos hacer de nuestro hogar un refugio y un paraíso para nuestros padres y nuestro prójimo.

Te pedimos que abras nuestros corazones y nuestras mentes para trabajar, compartir, jugar y orar juntos como familia.

¡Gracias por hacernos la mejor familia que podemos ser hoy, mañana y siempre! ¡Amén!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *