El pasado 22 de octubre de 2026, en la fiesta de San Juan Pablo II, miles de familias, comunidades y fieles de distintas partes del mundo unieron sus corazones en una misma intención: pedir por la paz. A través del Rosario Mundial por la Paz, convocado por Holy Cross Family Ministries y la Congregación de Santa Cruz, esta iniciativa internacional se convirtió en un poderoso testimonio de fe y esperanza. Más de 400 mil personas se registraron para participar, haciendo de esta jornada un encuentro extraordinario de oración que trascendió fronteras, idiomas y culturas.
Desde México, nos sumamos a este llamado mundial con nuestra participación en la Parroquia Nuestra Madre Santísima de la Luz, en Guadalupe, Nuevo León. Nuestra comunidad se hizo presente en esta gran cadena de oración, llevando ante Jesús, por intercesión de la Virgen María, las necesidades de nuestras familias, de quienes sufren y de todos aquellos lugares donde la violencia, los conflictos y la división han arrebatado la tranquilidad. Fue una oportunidad para recordar que la paz comienza en el corazón de cada persona y se construye día a día desde nuestros hogares, cuando aprendemos a amar, perdonar, escuchar y vivir unidos en la fe.
El Rosario Mundial por la Paz nos deja un mensaje que trasciende esta fecha: el mundo necesita familias que oren, comunidades que construyan fraternidad y corazones dispuestos a ser instrumentos de paz. Inspirados por el legado del Venerable Padre Patrick Peyton y su célebre frase, «La familia que reza unida, permanece unida», renovamos nuestro compromiso de promover la oración familiar como camino de encuentro con Dios y de transformación del mundo. Porque cada Ave María es una súplica de esperanza y cada familia que se reúne a rezar se convierte en una pequeña semilla de paz. Sigamos unidos en oración, confiando en que, cuando ponemos nuestras vidas y al mundo en manos de Dios, siempre hay esperanza.