
Una pintura de Cristo, de pié, frente a una puerta cerrada, con una linterna en la mano; fué expuesta por su autor, Homann Hunt, hace muchos años. El cuadro era la interpretación de la frase Bíblica: “Oye, que estoy a tu puerta y llamo”.
Durante su exhibición, un crítico le observó con minuciosidad y creyó que había descubierto un error. No pudo encontrar cerradura en la puerta. Fué hacia Hunt e inmediatamente le preguntó acerca de lo que le parecía ser una falla. En vez de ser una omisión, resultó ser una intención deliberada del pintor, quien dejó intencionadamente, sin cerradura, la puerta del cuadro.
Dijo al crítico: “No puede haber cerradura en el exterior. La puerta sólo puede ser abierta por el dueño de casa y desde su interior. Sólo así puede entrar el Maestro”. Dios se detiene a golpear nuestra puerta cada día. Nos invita a abrir de par en par las puertas de nuestros hogares y corazones para poder entrar en ellos. ¿Cuántos de nosotros dejamos a Dios fuera de nuestros hogares y corazones, simplemente porque nos negamos a tomar la iniciativa de invitarlo a nuestro círculo familiar?
La oración es la cerradura que abre nuestros hogares y corazones a Dios. Es el único camino que tenemos para conocerlo. Es el medio más fácil de expresarle el amor que sentimos. Es el mejor modo de probar que le amamos.
Invita a Dios a tu hogar, cada día, juntándote con tu familia en oración. A través de esta práctica tú verás que la paz y la alegría que el mundo no puede dar, reinará en tu corazón y en tu hogar, tanto tiempo cuanto Dios permanezca a requerimiento tuyo, por la oración familiar.
Escrito por el Venerable Patrick Peyton
“LA FAMILIA QUE REZA UNIDA PERMANECE UNIDA”.